Carmen Rosa recibió a inicios de diciembre de 1999 la noticia de que tenía cáncer en la mama izquierda. Mientras todo el mundo celebraba la llegada del segundo milenio, ella se sentía la mujer más triste.
Tres meses antes había notado que una herida en el pezón no cicatrizaba, a pesar de que se aplicaba una crema contra infecciones recomendada por su mamá. En ese momento daba de lactar al menor de sus tres hijos, de solo tres meses de nacido.
Una noche, viendo un programa dominical que presentó los casos de varones afectados por cáncer de mama, llamó su atención algunas señales de alarma que se parecían a la herida que tenía en el seno izquierdo. No obstante, pensaba que su herida había sido provocada por amamantar a su pequeño.
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